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lunes, 28 junio 2010

EL G-20 NO CONSIGUE EN TORONTO UN FRENTE COMÚN PARA AFRONTAR LA CRISIS MUNDIAL Y PROPONE “AJUSTES A LA MEDIDA DE CADA PAÍS”, SEGÚN EL COMUNICADO FINAL DE LA CUMBRE

Reunión G-20 en Toronto, junio 2010

El G-20 puso punto y final a la cumbre de Toronto, en la que se establecieron metas concretas de reducción del déficit y de la deuda, con la advertencia de que la retirada de los estímulos no debe poner en peligro el crecimiento.

 

Política económica: Los líderes de los mayores países industrializados y emergentes (G20) acuerdan que la recuperación debe ser fortalecida. Los multimillonarios planes de estímulo económico deben concluir de forma programada. El G20 coincide también en que los países con problemas presupuestarios deben acelerar las medidas de ahorro. Esta propuesta fue defendida principalmente por los europeos.

 

Déficit: Los déficits presupuestarios de los países desarrollados deben reducirse a la mitad para el año 2013. A más tardar en 2016 habrá que comenzar con la cancelación de la enorme deuda acumulada. Se trata de un compromiso voluntario sin obligación legal.

 

Aporte de los bancos: Los miembros del G20 son libres de introducir a nivel nacional un aporte de los bancos para financiar los exorbitantes costos de la crisis. La idea de una tasa adicional para las transacciones financieras como la que propone Alemania fue rechazada, según círculos diplomáticos.

 

Capital social: El G20 quiere endurecer las reglas para el capital propio de los bancos -en línea con el segundo Acuerdo de Basilea- a más tardar a fines de 2012. La aplicación podría demorarse durante algún tiempo más. Reglas más duras para el capital propio deben fortalecer a las entidades bancarias ante futuras crisis. -

 

Comercio: Las negociaciones de la Organización Mundial de Comercio en el marco de la Ronda Doha deben concluir lo antes posible. Sin embargo, no se menciona una fecha concreta.

 

Desacuerdo amistoso. El comunicado final de la cumbre establece el compromiso que proponía Canadá, anfitrión de la reunión, de reducir el déficit a la mitad para el 2013, aunque sólo será vinculante para los países avanzados, dijo el primer ministro canadiense, Stephen Harper. Con eso, el G20 inauguró la era del desacuerdo amistoso al reconocer la necesidad de aplicar recetas "ajustadas" a las distintas realidades económicas de sus miembros que buscan reducir el déficit sin dañar el crecimiento.

 

Recetas "a la medida" dadas a conocer por el grupo marcan un punto de inflexión en el organismo, que actuó al unísono para salir de la crisis y comenzó a discrepar con el inicio de una recuperación que avanza a ritmos distintos. En pocos frentes han sido tan claras las fisuras como en la cruzada para reducir el déficit y la deuda encabezada por la canciller alemana Angela Merkel y que han secundado el resto de miembros de la Unión Europea.

 

Contra la crisis a distintas velocidades. EE.UU. prevé recortar su déficit hasta el 3,9 por ciento del Producto Interior Bruto (PIB) para 2015, frente al 10,6 por ciento que proyecta para este año. O sea que la disputa no se centró tanto en la necesidad de recortar un gasto público que se disparó con la crisis, sino en el ritmo de la retirada de las medidas de estímulo puestas en marcha para salvar a la economía global del desastre.

 

La Casa Blanca, por su cuenta y riesgo. El sentido de urgencia en materia de austeridad fiscal de Europa contrastó con la llamada a la calma de Washington y la insistencia de EE.UU. en que la prioridad debe de ser el crecimiento. La preocupación de la Casa Blanca ha girado en torno al ritmo de la retirada de los paquetes de estímulo, ante el temor de que el fin repentino de las medidas de reactivación frene la demanda, mine el crecimiento y desencadene una segunda recesión.

 

Los emergentes se alinearon con EE.UU. al alertar de que el excesivo celo fiscal europeo podría deprimir la demanda interna en los países ricos y cargar sobre el mundo del desarrollo el peso de la recuperación. "Si los países desarrollados dan mayor importancia al ajuste fiscal que a estimular el crecimiento, sobre todo los que son exportadores, entonces están haciendo el ajuste a nuestra costa", afirmó este fin de semana en Toronto el ministro de Finanzas brasileño, Guido Mantega.

 

Hilar fino. Los integrantes del G20 tuvieron que hilar fino para salvar esas diferencias y llegar a un compromiso que busca "fortalecer" la recuperación y sanear las finanzas públicas, pero manteniendo los estímulos para no hundir el crecimiento. Como parte del acuerdo los países "más industrializados" del G20 reducirán "al menos" a la mitad el déficit para el año 2013 y estabilizarán o bajarán la deuda gubernamental como porcentaje del PIB para el año 2016. Se trata, según refleja el comunicado emitido al final de la reunión del grupo, de un equilibrio delicado.

 

División de opiniones. El comunicado final del G20 respetó también, como se esperaba, las diferencias entre sus miembros en torno a la imposición de un impuesto global sobre la banca con el que costear rescates pasados y posibles rescates futuros del sector. La propuesta capitaneada por algunos países europeos y EE.UU. no encontró seguimiento en los países emergentes, reacios a penalizar a su sector financiero por los excesos cometidos por los bancos estadounidenses y de otros países desarrollados. La vía intermedia que permitirá salvar esos obstáculos deja abierta la puerta a la implementación de impuestos bancarios en los países que lo consideren oportuno, pero no impone una receta única a todos los integrantes del grupo.

junio 28, 2010 | Permalink

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